Hay emociones que llevas tanto tiempo evitando
que ya ni las reconoces como tuyas.

No hace falta que estés en crisis.

No hace falta que sepas qué estás sintiendo exactamente.

Solo hace falta que estés dispuesta a dejar de correr por un momento.

Esta práctica no te pide que lo resuelvas.
Te pide que lo habites.

Y eso — aunque parezca pequeño — lo cambia todo.

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